Qué encontrarás en esta entrada?
- Fotografías de naturaleza en otoño.
- Fotografías de "La Casa del Loco".
- Mi relato de la experiencia.
Ayer decidí que no iba a ser víctima del conocido "efecto domingo", ese que nos impide disfrutar de nuestras últimas horas antes del lunes, que pese a ser horas igual de "libres" que las de un sábado o incluso las de un viernes por la noche, nos parecen de una calidad desmejorada.
Cómo evitar tan previsible despropósito de tarde? Pues en mi caso la respuesta era clara: saliendo a hacer fotos. Así que, viendo que hacía un día espléndido, cogí la cámara, bajé las escaleras, abrí la puerta de mi casa y comprobé el siempre extraño sentido del humor de ese dios en el que no creo, pero que se vengó bien de mí con una lluvia torrencial nada más abandonar la seguridad de un impermeable tejado.
Tras maldecir durante un rato volví a intentarlo y esta vez sí disfruté de una agradable tarde otoñal: con amenazantes nubes en el cielo, pero sin llegar a llover y con algún tímido rayo de sol luchando por zafarse del manto gris que nos cubría. El resultado de mi excursión fueron las fotos que acompañan esta entrada: fotografías que reflejan esos paisajes naturales típicos del otoño.
Sin embargo, otro punto importante de la tarde (además de la fotografía natural) fue mi visita a "La Casa del Loco". "La Casa del Loco" era un siniestro lugar el barrio de Nueva Alcalá ("La Nueva"), en Alcalá de Henares.
Hay quien dice que en su día fue un molino, pero la verdad es que me es difícil contrastar la información. Yo la conocí ya como si fuera una especie de "casa embrujada", un lugar tenebroso donde los niños ponían a prueba sus miedos, no exento de peligros reales.
Hay quien dice que en su día fue un molino, pero la verdad es que me es difícil contrastar la información. Yo la conocí ya como si fuera una especie de "casa embrujada", un lugar tenebroso donde los niños ponían a prueba sus miedos, no exento de peligros reales.
Según cuenta Luipermon, su nombre proviene de un mendigo llamado Cipriano que residía en su interior y al cual se referían como "el loco". Recuerdo haberme colado en ella de pequeño y haber pasado miedo entre sus oscuros muros y sus suelos quebradizos. Recuerdo cómo se cayó uno de mis compañeros de expediciones del segundo al primer piso y nos recuerdo saltando por sus ventanas huyendo aterrorizados de fantasmas propios de la imaginación de los niños de esa edad.
Durante muchos años "La Casa del Loco" ha sido un lugar místico que provocaba en mí una reacción de respeto. Hoy a penas queda nada de lo que en su momento fue. Ya no es el lugar oscuro y tenebroso que en su día tanto imponía. Ahora sólo quedan en pie cuatro paredes verticales y los suelos y techos de madera han desaparecido tras soportar infinidad de incendios.
Casi se podría decir que he pasado del miedo a la lástima, como el que ve tan derrotado a un arduo enemigo que no es capaz de disfrutar de su victoria. "La Casa del Loco", ese sitio prohibido que tanto me imponía es ahora un puñado de ladrillos a punto de caerse y de desaparecer definitivamente en la nada.
Al menos, a día de hoy, aún quedan sus paredes llenas de historia: parte de ella pintada, parte sólo se oye si te colaste en su interior de pequeño y prestas atención paseando entre sus restos.
Ver galería completa de "La Casa del Loco".
Ver galería completa de "La Casa del Loco".



















































