domingo, 17 de mayo de 2015

Paso a Paso: Loeches

Qué encontrarás en esta entrada?
  • Crónica de la excursión a Loeches.
  • Fotos de la misma.
  • Ruta que seguí. 

Volvemos con la sección "Paso a Paso" en la que realizo una crónica de alguna excursión que haya hecho. Hoy vamos a retomar nuestra exploración de la Campiña del Henares, visitando Loeches.


El nombre de Loeches parece venir, según la Wikipedia, del vasco: "lo" (dormir) + "etxe" (casa). Esto se debe a que originariamente la población debió haberse formado alrededor del s.XII, con la repoblación por parte de los pastores vascos durante la reconquista. Villa a partir de 1555, perteneció a la familia Cárdenas hasta 1633, momento en el que el señorío fue adquirido por Gaspar de Guzmán (el Conde-Duque de Olivares). Destacan entre sus monumentos el Convento de las Carmelitas Descalzas, el Monasterio de la Inmaculada Concepción y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Con esta población, es la quinta que visito de la Campiña del Henares, o la sexta de la Alcarria de Alcalá, en la cual se incluye también Villalbilla. Consultando varias fuentes me he dado cuenta de que la relación de las poblaciones que componen cada una de estas zonas no es coherente entre ellas. Como no soy un experto en el tema, y no encuentro unidad en el asunto, baste decir que es la quinta entrada que escribo en la sección "Paso a Paso", y la séptima localidad que uno con una ruta a pie desde la puerta de mi casa yendo y volviendo.



Sobre estas líneas tenéis el mapa con  la ruta que seguí y algunas anotaciones curiosas al respecto.

Empezamos la ruta, como es costumbre, por el final del barrio de Nueva Alcalá, al lado del centro  "Las Naves". En esta zona, los edificios rojos de la ciudad dan paso a la la naturaleza del suroeste de Alcalá. Dejando a la izquierda la Presa de los Garcías (también conocida como "La Casa del Loco"), seguimos la M300 (carretera que nos acompañará buena parte del camino) hasta la Cuesta de Zulema. Hay dos formas de llegar a este punto: una (la menos aconsejable) es cruzar la M300 por el puente, sometiéndose al ritmo del tráfico que circula sobre él, la otra es cruzando por el túnel que va a dar al parque "La Isla y el Val" (o, como comúnmente se conoce, "La Chopera"). En la entrada del parque hay un puente de madera que dirige a la Cuesta de Zulema sin necesidad de cruzar ninguna carretera.

Puente Zulema (la M300 pasa por encima de él)

La Cuesta de Zulema consiste en una sinuosa carretera que sube algo más de 100 metros (superando los 690 msnm) a lo largo de 1 kilómetro de recorrido. En ella, para evitar las pronunciadas curvas que ha de seguir el tráfico rodado, existen unos atajos que el caminante puede seguir, acortando su trayecto.

Atajo de la Cuesta de Zulema
Cruce del Puente Zulema y subida por la Cuesta de Zulema

Una vez superada esta subida, entramos en una zona de urbanizaciones. A nuestra derecha, Zulema, a la izquierda, Peñas Albas. Nuestra ruta pasa entre ambas siguiendo la Calle de Mallorca. Habiendo atravesado las urbanizaciones tendremos un feliz reencuentro con la M300, la cuál habrá subido el Gurugú desde la última vez que la viéramos. A partir de ahora, seguiremos el camino juntos.

A nuestra derecha (oeste, seguimos un camino en dirección sur), los chalets de las urbanizaciones han dado paso a terrenos de cultivo conocido como El Campillo. A partir de ahora el paisaje será muy similar: carretera rodeada de cultivos, principalmente de cereal, aunque un poco más adelante en nuestra ruta nos toparemos también con olivos.





Poco después de incorporarnos a la M300, a nuestra derecha aparece el Camino Real de Fernando VII (el cual fuera utilizado en tiempos pasados por la realeza para llegar a los Baños de La Isabela), y algo más adelante, entre El Garrapizal y el Corral de Yangües, hay señalizadas un par de tumbas que dan la primera pincelada siniestra a nuestra excursión (y no será la última).


Seguimos la M300 hasta entrar en el territorio de Torres de la Alameda. Hasta aquí, de hecho, el camino recorrido es bastante similar al que hiciéramos en nuestra ruta hacia la vecina Torres de la Alameda. Un poco más adelante, poco antes de un centro Betel, vemos el segundo hallazgo perturbador del día: lo que parecen ser los restos de un perro muerto.




Continuamos nuestro camino, encontrando la urbanización Mariblanca a nuestra derecha. Un poco más adelante, llegamos a un puente que cruza las vías del tren. Aunque desde los mapas no se aprecia demasiado bien, este puente tiene unos estrechos pasos laterales que pueden utilizar los peatones para atravesar las vías sin peligro alguno.

Paso sobre las vías

Nada más pasar el puente, a la izquierda, empiezan a verse algunos olivos, que poco a poco van dando paso a una zona industrial poco densa, con algún espacio aún para los cultivos de cereal.



Siguiendo la carretera, llegamos a un cruce entre la M224 y la M300 a la altura de San Isidro. En este punto las carreteras forman un lazo algo complicado de cruzar. El poco tráfico de la zona hace que, con cuidado, podamos encontrar el momento para hacerlo sin demasiado peligro. Sin embargo, no hay que perder de vista que en algunos puntos son cuatro carriles de carretera, por lo que se recomienda precaución.

Nada más cruzar el lazo, nos topamos con una vía pecuaria que parece desviarse hacia Torrejón de Ardoz. Es la Galiana Colada, que hacia el norte pasa a los pies de El Viso, y hacia el sureste cruza Torres de la Alameda,  pero esa es otra aventura que no está planificada para el día de hoy, por lo que continuamos por la M300.


Más adelante nos topamos con otro dificultad natural: el arroyo de Anchuelo. La mejor manera que vi yo de cruzarlo es por el arcén de la carretera, que lo sobrepasa por encima. Siguiendo este rumbo, no tardamos en encontrar un amplio camino a nuestra derecha, señalizado como ruta en algunos mapas bajo el nombre del Camino de los Conares, aunque con un cartel de coto privado de caza.


Tampoco tomaremos este desvío hoy, sino que seguiremos por la M300. Algo más adelante encontramos que, bajo la carretera, hay como un drenaje de agua lo suficientemente grande como para que lo pueda atravesar una persona caminando erguida. Se puede aprovechar para cruzar la M300 por debajo sin problemas, o para reposar unos minutos bajo la sombra que se genera. Desconozco si en algún momento del año llega a circular agua por sus conductos.


Cruzamos la siguiente rotonda y vemos cómo cada vez el paisaje se vuelve más industrial. A la derecha aparece otro centro Betel y, más adelante, una serie de fábricas, algunas de ellas abandonadas y en avanzado estado de ruina.

La primera de ellas, a la derecha, se ve desde la posición elevada de la carretera, teniendo acceso visual a los tejados de la misma.




Al conservar mejor la integridad de la edificación no accedí a ver el interior de las naves en este caso. En este sentido, son más interesantes las siguientes. Un poco más adelante, en el mismo lado de la carretera, aparece una pequeña fábrica, la cual tiene un sofá, un mueble numerado para colgar cosas y una colección de archivadores vacíos.












En la actualidad está en un estado bastante ruinoso, pero por imágenes anteriores que he visto y por los restos que quedan, creo que en otra época fue testigo de la actividad okupa.

La tercera y última fábrica en ruinas es la antigua cerámica "Puente Grande". Situada en la izquierda (hay que cruzar la carretera), ésta es, sin duda, la más siniestra de las tres.


A la entrada me topo con una cabeza de muñeca destrozada por el paso del tiempo que va introduciendo el tétrico ambiente que acompañará mi vista a esta construcción. Después de pasarme un rato haciéndole fotos, me doy cuenta de que a su lado reposa el cadáver reciente de un gato negro. Un inicio un tanto oscuro a mi exploración del edificio. Se ve el muro derruido de una gran nave central diáfana llena de escombros.





A los laterales hay estrechas y profundas galerías a cuyo fondo no llega la luz. En ellas se encuentran algunos restos industriales, llamando la atención un siniestro casco.



Lleva una etiqueta que reza "Riccardo Spasciani S.p.A. ACS 952 ANNO 06.98 MADE IN ITALY". Parece que se trata de un equipo de respiración creado por la empresa Spasciani en 1998.



En la parte trasera de la construcción hay un edificio que conserva el techo, y que hoy en día sirve de cobijo a incontables palomas.



Como despedida, encuentro un par de zapatos de mujer que parecen haber sido sacados poco menos que de la escena de algún crimen.


Con esto dejamos la última fábrica abandonada, y continuando nuestro camino.


También dejamos el territorio de Torres de la Alameda. Es curioso, en la excursión hacia Torres también encontramos varias construcciones abandonadas. A este paso va a ganarse el nombre del territorio de las casas fantasma.


Seguimos el camino y ya estamos en la recta final. Un intenso olor a ganado motiva nuestro buen paso, lo que hace que pronto aparezca ante nosotros Loeches. De su perfil destaca la torre de su iglesia y la bóveda del Monasterio de la Inmaculada Concepción.


Un poco antes de entrar en la localidad, nos encontramos con un cartel de bienvenida al estilo hollywoodiense.


Loeches es un pueblo de menos de 10.000 habitantes (8.159 en enero de 2014). Tiene una calle principal que lo atraviesa, llamada Avenida de la Constitución, la cual pasa al lado de la Plaza de la Villa, que es donde está localizado su ayuntamiento.

Plaza de la Villa

Hay tres edificios de mayor relevancia en Loeches. El primero que visitamos es el Convento de las Carmelitas descalzas.



Según se lee en Wikimapas de la Campiña del Henares, fue fundado en el sXVI por los Cárdenas y en su interior se guardan obras de gran valor, entre las cuales destacan cartas autógrafas de Santa Teresa de Jesús (prima del Conde-Duque de Olivares), una mesa del sXVI de Malagón y diversos relicarios, así como obras pictóricas.

Parece ser que la relación de las monjas de este convento con la familia real durante el reinado de Felipe IV fue bastante estrecha, llegando a influir incluso en la elección del nombre de la infanta (Teresa, como la santa), a la cual se la conocía cariñosamente en la corte como "la labradora de Loeches".
El segundo edificio que encontramos, justo en frente del primero, es el Monasterio de la Inmaculada Concepción.




Este monasterio es obra de Alonso Carbonel (arquitecto del Palacio del Buen Retiro) y fue fundado en 1640 por el Conde-Duque de Olivares.

Por último, visitamos la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.




Con planta del s.XIII, mezcla estilos de distintas épocas (renacentista, toscano y gótico) y cuenta con una torre de 30 metros de altura. En 1731 cayó un rayo sobre ella provocando un incendio, con el rey Felipe V presente en aquel momento.

En nuestra visita por el pueblo vemos carteles en contra del macrovertedero que se plantea construir en Loeches (como podemos leer en este artículo del blog de Fernándo Palacios).



En este punto nos disponemos a emprender el viaje de vuelta. A la salida del pueblo vemos un curioso edificio, la Ermita de la Virgen de las Angustias, despidiendo al visitante en su camino, en este caso, de vuelta a Alcalá.




El camino que elijo para volver es exactamente el mismo que el de la ida, por lo que no aportará nada nuevo: principalmente, paisajes agrícolas de cereal.






Deshaciendo el camino recorrido, llegamos a las urbanizaciones del Zulema, bajamos la cuesta mientras contemplamos los cerros de Alcalá, y finalmente se descubre majestuosa la ciudad ante nosotros.




¡Fin de la ruta! Balance total: unos 23 kilómetros y medio recorridos y una nueva historia que contar sobre Loeches, sus gentes, sus monumentos y su historia.